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Guerras

Cientos de vidas se han perdido a lo largo de los años.

Las guerras abiertas entre razas fueron pocas, devastadoras y ya han quedado muy atrás en el tiempo. Sin embargo, muchos sostienen que si los humanos no se hubiesen separado de los elfos en su momento, hoy en día habrían enfrentamientos abiertos a diario.


Guerra de la Roca y la Hoja

Este conflicto nació luego de varios años de tensión entre los antiguos reinos élficos de la Roca y la Hoja, ubicados respectivamente en las zonas norte y sur de Europa. Estos reinos inicialmente se habían separado debido a meras diferencias de opinión entre casas nobles, pero con el paso del tiempo el distanciamiento se volvió más profundo. Alrededor del año 6700 a.C. comenzaron ciertas disputas por el control de zonas que siempre se habían considerado neutrales. Concretamente durante el invierno del año 6639 a.C. el reino de la Roca tomó la casa hoy conocida como Brennende Berge, que era considerada territorio de la Hoja. De allí en adelante, la situación no hizo más que empeorar. La casa de la Roca contaba con mayor capacidad militar, siendo que sus soldados estaban extensamente entrenados en artes tanto físicas como de la magia y eran mayores en número. Sin embargo, muchas de las ciudades del sur estaban protegidas por hechizos que los Antiguos dejaron a los Nöhror. La situación era tan cerrada y permitía tan poco avance para ambos lados que duró literalmente cientos de años. Durante ese tiempo, la Roca se apoderó de todas las tierras que no estaban protegidas por los Ocho - campos, pequeñas villas y algunas ciudades sueltas. Por su parte, aquellos que se vieron forzados a mantenerse dentro de las ciudades hicieron lo posible por desarrollar medios de sustentarse con lo que se podía encontrar dentro de las áreas sitiadas. Luego de unos meses lograron desarrollar formas de magia que les permitieron transportar comida desde áreas que no eran afectadas por la guerra hasta las ciudadelas sitiadas, e incluso se pudo evacuar a los escasos habitantes civiles que no eran aptos para la lucha a zonas distantes, principalmente en África. La situación no mejoró cuando se descubrió que Leeva Amroth, una de las herederas de los gobernantes de la Roca, estaba teniendo un amorío con el gobernante del reino de la Hoja, Emeroth I. Ella fue forzada a abandonar su familia y vivir de forma definitiva con los Normeeth. Eventualmente, dio a luz a quien sería el próximo líder de la guerra tras la muerte de Emeroth: su heredero, Demathos.

Alrededor del año 6100 a.C. se desarrolló una iniciativa entre las ciudades de la Hoja que se mantenían en pie para avanzar por las tierras tomadas por la Roca. Este proyecto fue llevado a cabo íntegramente por magos, la mayor parte de ellos entrenados durante la propia guerra en tuldrhimm sindh o relldill. Haciendo uso de extensos rituales lograron permitir que grupos enteros de soldados de la roca fueran transportados lejos de las áreas de batalla, y protegieron las zonas ganadas ante nuevos ataques. Sin embargo, el cambio decisivo de las batallas vino unos años después, cuando los licántropos y los vampiros se unieron a las tropas del Reino de la Hoja. Siendo seres aptos para la batalla por naturaleza, avanzaban por los campos de batalla convirtiendo a nuevas personas a su estirpe, y eran temidos por todos los guerreros. Se considera que la guerra concluyó oficialmente en el año 5982 a.C, tras la toma y destrucción de Irdunmir.

Al concluir esta guerra todas las razas conocidas fueron agrupadas bajo el seno de los elfos, pero esto no se dio de forma tan suave como Demathos hubiese deseado. Debido a las crecientes tensiones entre las razas, Sino, el Antiguo del Destino, se apareció en la Corte y ordenó que establecieran ciertas leyes para limitar la aparición de nuevas estirpes en el nombre de los Ocho.


Guerra de los Colmillos

Se dice comunmente que esta guerra tuvo dos inicios: uno frustrado, alrededor del año 5915 a.C., y otro exitoso y definitivo en el año 5899 a.C. Inicialmente, la muerte del Gran Rey Demathos había dejado a las relaciones entre las razas bastante tensas, incluso cuando todos conocían a su sucesor. Cuando una manada de licántropos que estaba fuera del alcance del Príncipe de la Luna asaltó a los vampiros de la casa de Jüras Asiņu, la gobernante de ese momento de Jüras (Erinne Rassendie) junto al caballero de Slätakant (Wallace Gromann) iniciaron una cruzada para cazar a esa manada. Bajo recomendación de conocidos, la manada acabó refugiándose en Manens Hjem, y el gobernante de dicha casa se negó a entregarlos a los vampiros. Esto llevó a que Erinne y Wallace llamaran por lo bajo al resto de los caballeros de su raza a atacar a los licántropos del Hjem. Apenas Luth, el gobernante de turno, se enteró de lo que sucedía, puso un alto terminante a sus súdbitos. Erinne se negó a obedecer porque esa manada había matado a su hijo, por lo que fue enviada al Niflheim. Luth ofreció sus disculpas y la paz a los licántropos, pero exigió que el caso de la manada se llevara a la Corte de las Cinco Razas. Como la manada en cuestión estaba fuera de la influencia del Príncipe de la Luna en el momento que cometió los crímenes, y sólo conocían a la Sociedad y sus leyes por rumores y viejas historias, la Corte dictaminó que no se los podía culpar de sus acciones y los liberó con la condición de que se mantuvieran dentro de la ley.


Sin embargo, no faltaba demasiado para el gobierno de Galate, quien era mucho menos sumisa a la hora de acatar decisiones de la Corte que Luth. En cuanto ella asumió acudió al marido de Erinne, Thrall, y le entregó a él el mando de Jüras Asiņu. Por otro lado, reclamó a los licántropos la entrega de la manada asesina. Ante la negativa de la Casa de la Luna, Galate llamó a las armas a su pueblo. El primogénito de Demathos, Vaeth, no estuvo a la altura de la situación, por lo que rápidamente cedió la corona a su hermano, Fergan. Fue una de las pocas ocasiones en las que los vampiros se retiraron humillados en batalla, ya que Fergan no tardó en llamar a las demás razas a asistirles para intervenir y frenar la batalla. Los demonios se negaron a intervenir en lo que consideraban asuntos que les eran ajenos, pero los ángeles asistieron a los elfos en el proceso. La batalla concluyó rápidamente luego de esto, principalmente gracias a las capacidades mágicas de las razas interventoras. De todos modos, todos los bandos sufrieron importantes bajas, por lo que las penas a los causantes de tal conflicto fueron duras.


Guerra de las Sombras

Esta guerra comenzó en gran parte gracias a las tensiones que habían quedado tras la Guerra de los Colmillos. Las penas impuestas tras dicho conflicto tanto a los licántropos como a los vampiros no sólo habían sesgado sus tesoros y sus libertades, sino que además habían requerido que una buena porción de sus respectivos ejércitos fuese redistribuído ya fuera bajo el comando de elfos o ángeles, en zonas distantes del globo. Esto generó una sensación de desprotección entre los afectados, llevando a que muchos alfas licanos se volvieran extremadamente territoriales.

Los conflictos comenzaron de forma efectiva alrededor del año 5887 a.C., luego de que los licántropos dedicaran poco menos que un año a buscar seres a los que convertir (mayormente, reclusos del Niflheim a los que ofrecieron una chance más afuera) y a contrabandear parte de las milicias que habían sido enviado lejos de vuelta a las Casas de Europa. Aprovechando su situación de ventaja contra sus enemigos históricos, lanzaron asaltos sobre varias casas de los vampiros y los hicieron pasar como ataques realizados por facciones libertas: después de todo, no se suponía que ellos tuvieran semejante capacidad militar. Los vampiros poco y nada podían hacer. Poco antes de que los elfos enviaran magras tropas a asistirles, los demonios decidieron dar un paso adelante y ofrecer asistencia a los vampiros. Con la ayuda de los demonios y su dominio de la magia de las sombras, los vampiros pudieron retomar rápidamente las casas sobre las que habían perdido control. Los demonios transportaban con su magia a los licanos bajo tierra, dentro de troncos o a destinos incluso peores.

Los licántropos exigieron a la Corte de los Bosques que les asistieran, pero los elfos habían enviado buena parte de sus propias tropas al este, donde otra guerra estaba teniendo lugar. Fueron los ángeles, entonces, los únicos que pudieron asistir a los licanos, y estuvieron más que contentos de tener una buena excusa para frenar a los demonios. Los números de los ángeles, que crecían con facilidad dependiendo de la necesidad, fueron demasiado para las tropas conjuntas de vampiros y demonios, logrando finalmente hacer que sus ejércitos se desbandaran y su pacto se rompiera silenciosamente. Hasta el regreso de las tropas de los elfos, los ángeles mantuvieron el orden bajo indicaciones de la Corte de los Bosques. Aprovechando la situación de poder, se dice que varios "justicieros" de las tropas de los Cielos impartieron ejecuciones sumarias en todos los bandos, para asegurarse de que no volviera a haber otra guerra. Aquellos que fueron atrapados por la Corte de los Bosques fueron penados, pero muchos lograron escaparse.

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